"HASTA QUE EL VERDADERO AMOR SE ASOMÓ"
Hay veces en donde una
situación muy complicada se nos escapa de las manos y casi siempre, dejamos que
se aleje cada vez más y más, hasta que nos acostumbramos a no tener lo que una
vez tuvimos. Cuando se encuentra al amor por el camino, pocas personas se dan
cuenta de tan gran sentimiento profundo, armonioso y maravilloso. Muchos
utilizan del amor para saciar sus placeres y deseos, dejando la semilla sin algunas
raíces, sin débiles ramas, sin hojas ni mucho menos frutos. El amor se siembra
en la tierra de la amistad y éste poco a poco va creciendo. Sin embargo, el
amor pasa por diversas tapas para tornarse un gran árbol fuerte con abundante
fruto, a éste digámosle el ‘verdadero amor’. El verdadero amor supera todas las
pruebas de la vida, esas que estudiando el fenómeno de la felicidad aparecen
cayendo como lluvia en noche de invierno, o lentamente en un tiempo
determinado, como hojas de árboles caídas en otoño; pero aparecen… están allí.
A pesar de los
acontecimientos, pruebas u obstáculos, las personas que se arriesgan a amar
verdaderamente a alguien incondicionalmente terminarían en la vida y la muerte
y quizás también en otro lugar del espacio-universo, conociendo de la real
felicidad, quien nos facilita herramientas para enseñarles a otros individuos
que hoy no ven el mundo o la vida, como aquellos que conocemos del verdadero amor
podemos ver… hasta que morimos y dejamos nuestro legado.
Parece oportuno y un
tanto peculiar ya que casi siempre, antes de elegir la tierra donde se siembra
la semilla del amor, debemos estar seguros de sí mismos. Los seres vivos tienen
sentimientos distintos, unos con instintos y otros con debilidades para
defenderse; como la rama arrancada de un árbol creciente o como un animal
siendo atacado por un humano y defendiendo su territorio, su vida.
De tal manera, cuando
una relación va por buen camino o comienza bien, llega ese obstáculo que hace
desistir a alguno de los dos, porque no están comprometidos a amar y a conocer
tan vida placentera llena de felicidad. Quizás fue así como a Sam Scherzer, le
sucedió.
Sam Scherzer, una joven
residente en la región centro occidental de Venezuela, temía amar, se abstuvo
de inclinarse a las relaciones amorosas e indagar del verdadero amor, dedicándose
asimismo a los estudios. Por muchos años adquirió un potencial intelectual muy
grande, obtuvo reconocimientos y demás comentario de sus superiores. Sin
embargo, no pudo escaparse de las garras del amor cuando su medio primo Carlos,
le enamoró.
Fue una relación
bastante extraña donde tanto afecto con su primo “postizo” Carlos, hizo
experimentar diversas sensaciones, aquellas insuficientes para ser
verdaderamente feliz en abundancia. Como toda relación, todo comenzó bien.
Ambos llegaron a pensar que eran el uno para el otro, pero no funcionó. Más
temprano que tarde se asomó la distancia, quien puso pie firme delante de ellos
y fue colocando barreras tan rápido posible entre ambos, hasta que todo acabó.
Carlos, vivía también en la región occidental de Venezuela con unos 364
kilómetros de distancia aproximadamente.
— Estoy
creyendo que el sentimiento amoroso y recíproco sentido por Carlos se está esfumando,
su ausencia física me hace daño. Quisiera tocar sus mejillas, abrazarlo,
besarlo, salir a comer helado con él, soñar en grande y que él me comprenda a
pesar de las diversidades –frunce el ceño.
Sam hace una pausa y
continúa…
— No
pensé decir esto pero, me ha tomado de sorpresa y, ahora que lo siento, debo
acabar con ésta relación que sé no funcionará. Me arriesgué a amar, quizás no
tanto. Aunque creo que esto no es amor –espetó encogiéndose de hombros.
— Tu
corazón habla, Sam. Déjale tus inquietudes a él y si alguna vez se quisieron,
él lo entenderá –murmuró Joe.
— Además,
eres una mujer tan inteligente llena de sueños y metas que busca un futuro para
su vida, sé que conseguirás a alguien que de verdad pueda apreciar y tener tu
corazón por completo –replica Max.
— Gracias
por sus palabras chicos –se abrazan grupal–, los quiero –susurró Sam.
Joe y Max, los mejores
amigos considerados por Sam. En el último año escolar pudieron conocer más a
fondo sus personalidades, sus gustos, su vida, sus sentimientos… y se
encariñaron, aunque Joe gustaba a veces no estar solamente en un grupo, sino
compartir con todos. Además, él y Sam competían mucho, sin embargo, ella casi
siempre salía victoriosa. Y se tornó gracioso, los compañeros de clases se burlaban
de sus fracasos al intentar mejorar. No se enfadaba puesto que era su mejor
amiga. Por otro lado Max, una persona bastante sociable con ganas de vivir la
vida de la manera que más considere para disfrutar, sin importar nada. Mayor entre
los 3, tan solo por meses, una persona cerrada a la hora de hablar de sus
sentimientos que ocultaba un gran secreto.
Joe no gustaba mucho
estar en un sitio en específico así que iba de un lado a otro conociendo
distintos puntos de vista, gustaba entrar en la mente de otros e indagar el
porqué de los problemas de los individuos, aferrándose a considerar una posible
solución pero, cuando distintos problemas le llegaron afectar su autoestima
psicológicamente trató de evadir un poco a muchas personas y hablar en su
mente, solo.
A mitad del año escolar
que se cursaba, el último para posteriormente cursar estudios universitarios,
el sistema de educación del país brindaba ayuda a los estudiantes para ingresar
a universidades públicas optando a un cupo por su carrera de preferencia. La
ventaja la tenían los estudiantes con mejores promedios académicos en los
últimos años. Sam Scherzer, optaba a la carrera de Medicina en distintas
universidades del país, su promedio académico de 19,37 puntos le ayudaban
mucho. Sin embargo, por la carrera y dependiendo de la universidad elegida
exigía más. Este sistema consistía en 6 opciones a preferencia del estudiante y
posteriormente, estas opciones serían evaluadas por los que operadores de dicho
sistema educativo. Como primera opción, Sam colocó en una de las mejores
universidades nacionales en el Estado y por consiguiente, ciudad donde residía
su novio, Carlos. Como segunda opción una universidad en su Entidad y las demás
distribuidas en diversas universidades de distintos Estados.
Como la relación
marchaba bien, ellos se hacían muchas ilusiones, puesto que de ser aginada a la
primera opción podrían verse y ayudar al amor a subir los escalones de la
felicidad. Pero no sucedió así.
Pasaron tres meses, los
días soleados eran abundantes en la ciudad, la escuela tenía pocos lugares para
estar bajo sombra y cada tarde de clases al caer en el receso, Sam y Max
comenzaban a hablar mucho más y Carlos solo hacía de aquella bonita relación
algo cotidiano. Sam generalmente no encontraba las palabras correctas para
cortar la relación, aunque los hechos se fueron dando solos poco a poco. Max,
un gran soñador a entrar en la milicia, encantado por las rápidas avionetas y
demás ideales que conforman la aviación del país, fue causando un sentimiento
de confusión en Sam. Mientras Joe recorría por diversos lugares y ciclos de
amistad ellos podían estar más tiempo a solas, conociéndose por ende mucho más y
sin ambos pensarle estaban eligiendo un terreno amplio para cuidarlo, limpiarlo
y utilizarlo para una gran siembra, la semilla del amor.
El momento más esperado
por todos había llegado, los resultados habían salido a la luz pública y
hubieron muchas decepciones, para aquellos que no se tomaron los estudios base
en serio, también alegría, por aquellos que siempre estuvieron dispuestos a dar
más de sí mismos.
Sam Scherzer era
asignada a la carrera de Medicina a una universidad de su entidad, dejando
aquellas esperanzas de estar con Carlos en el camino, para que éstas tomaran su
próximo sendero y se alejaran de ella y del amor. Tal hecho a ella le alegraba
un poco, sus manos estaban siendo agarradas y besadas, sus ojos estaban siendo
penetrados por miradas fijas que le parecían tiernas, salía y guardaba
recuerdos en fotografías con alguien más que la escuchaba y se acercaba
lentamente a su corazón. Pero aunque quería en el fondo de sus sentimientos, no
se dejaba.
— Hoy
le terminaré a Carlos. Deséame suerte –murmuró Sam.
— No
tengo porque desearte suerte, las cosas que van a suceder, serán y nadie podrá
cambiarlo, él comprenderá… o eso esperamos –replicó Joe.
— Últimamente
Max y yo hemos compartido mucho, no estoy segura si lo has notado. Él es muy
tierno, siempre está allí escuchándome y me encanta. Sus sentimientos que he
estado conociendo me cautivan mucho, Joe –dijo con larga sonrisa.
— Las
cosas se darán a su debido tiempo. Max es una excelente persona, un buen amigo
que considero mi hermano y sé que ocurrirán muchas cosas más adelante. Él habla
mucho conmigo, hoy es un día decisivo, Sam –espetó un tanto desconcertante.
Y cuando la noche cayó
en la ciudad y la Luna se asomó por el cielo alumbrando el techo de las casas,
Sam tomó su teléfono, marcó el número telefónico de Carlos y le llamó.
— ¿Cómo
te va mi princesa? –tomó la primera palabra Carlos.
— Muy
bien, ¿y a ti Carlos? –espetó en tono indiferente.
— Igualmente.
He visto que dieron los resultados, ¿adónde te asignaron? –murmuró.
— Me
quedaré, Carlos –se encoje de hombros–, estudiaré acá y creo que es un motivo
más para que no nos hagamos más ilusiones. Además –hace silencio–…
— ¿Además
qué? Entiendo tu parte pero creo que podríamos luchar por ello, yo te amo
–replicaba un poco triste.
— Es
que… Estoy sintiendo sentimientos por Max. Yo no siento que te amo realmente,
Carlos –frunce el ceño–, muchas veces ibas a jugar Futbol y cuando necesitaba
que alguien me escuchara e indagara más en mí, tú, como mi novio, no estabas
–respondió disgustada.
— Ahora
todo cobra sentido, solo… yo si te amé de verdad y me entristece mucho la
situación. Pensé que eras diferente a todas. No quiero que hablemos más –dijo
Carlos.
— Lo
siento, debes entenderme. No nos veremos, estudiaré una carrera que pide mucha
dedicación y tu estudiarás lo tuyo allá –replicó levantando la voz.
— Tan
solo, no digas más nada. No quiero saber más de ti. Recuerda que yo si te amé,
no como tú que nunca lo hiciste. Adiós –colgó la llamada telefónica.
Las cosas no estaban
planeadas así pero la situación se tornó insoportable. Sam pensaba que Carlos
era un inmaduro, entonces recordó que era un año menor que ella; –actuó como un
niño malcriado, quizás ha sido la mejor decisión–, pensó mientras llamaba a Joe
para contarle. Éste le confirmó su pensamiento. Cuando cae en su cama y cierra
sus ojos, la tranquilidad le abraza y cae en un profundo sueño.
Las sábanas blancas
estaban tiradas por el suelo, estaba exhausta y un tanto sudada. Tenía
moretones en mis pechos, en mi abdomen, en mi cuello. Era placentero pero
extraño, algo nunca antes sentido. Sobre una mesita de noche estaban unos
preservativos desgastados y cuando me muevo para agarrar la caja vacía, siento
que la cama está húmeda y la observo. Me asombré al ver un poco de sangre derramada
en la cama, como una cortada y sentí un tanto de dolor placentero. Cuando me
senté a la orilla de la cama me di cuenta que estaba completamente desnuda. Me
coloqué un largo suéter que estaba cerca. Había un espejo frente a la gran cama
y una venda para tapar los ojos estaba en el espaldar, recordé que la había
utilizado esa noche pero estaba desconcertada. Luego escuché un ruido
proveniente de una puerta y ésta se abre, me doy cuenta que es un baño. También
me sorprendo y me tapo con las sábanas, aun teniendo el suéter largo puesto.
Luego, se acercó a mí y me besó en los labios.
— ¿Cómo
te sientes, vida? –sonrió mientras susurraba en mis labios.
— ¿Qué
es esto? –pregunté atónita.
— Has
pasado una grandiosa noche, no dejabas de decir que aquél gran dolor se hacía
placentero cada vez más y más, y, al terminar te sucumbiste en un largo sueño.
Fueron varios intentos, te dolía mucho. Hasta que pude hacer que te excitaras
mucho y conocí tu debilidad –espetó con una sonrisa dulce.
Estaba confundida con
lo que sucedía, –debes ir a la escuela– escuchaba a lo lejos. Tomé sus mejillas
y quise besarlo mucho, fue un impulso.
— Te
amaré, las cosas sucederán tan pronto veas la realidad –espetó Max mientras
besaba su mejilla.
Un tanto confundida
observaba sus ojos –Sam, debes ir a la escuela. Es tarde–, escuchaba voces. Era
muy bonito –levántate–, escuché fuerte en mi oído y me desperté.
— Y
eso fue lo que soñé esa noche, Joe –espetó Sam.
— Un
poco profundo y entendible. Ambos se quieren y funcionará –respondió Joe.
Pasaron 15 días de
aquél sueño y Max decide hablar decidido con
Joe para contarle de sus sentimientos por Sam. Le pide a éste que salgan
los 3 como mejores amigos que eran pero, que él llegara un poco más tarde para decir
lo que sentía por Sam. Joe aceptó.
La tarde estaba
tranquila, tan solo un tanto calurosa. No había tráfico, Sam y Max llegaron a
las 15 horas aproximadamente al centro comercial más cercano a la casa de Sam. Se
sentaron en unos muebles que ofrece de descanso el centro comercial y ambos se
miraron a los ojos.
— Creo
que hay muchas cosas que ya están claras, Sam –comenzó hablando Max.
— ¿Ah
sí? –replicó sarcásticamente.
— No
te hagas la que no sabes –frunce el ceño–, me gustas mucho. Sé que dentro de ti
hay un ser romántico porque de alguna manera yo he podido observarlo, me has
dado esa confianza para indagar de ti y de tus sentimientos los cuales no les
das libertad. Pero que es hora de cambiar eso, eres diferente de todas. Quiero
que seas mi novia –dijo viéndole a los ojos.
— Tus
palabras conmueven mucho –se sonroja–. Espera un momento –coge el teléfono y
hace una llamada.
Max queda un poco
atónito, tratando de declarar sus sentimientos observaba a Sam un tanto
sonriente con un as bajo la manga.
— Aló
–respondió Joe.
— ¿No
piensas venir? –replicó Sam.
— Ah…
lo había olvidado –murmuró.
— ¡Joe!
–frunce el ceño–, alístate y vente –murmuró con tono imponente y hace una
pausa–. Mira, Max me está pidiendo que sea su novia, ¿qué le respondo? –replicó
mientras sonreía.
Se escuchaba a lo lejos
como Max reía.
— ¿Qué
estás diciendo? –ríe–, dile que sí. Sabes que lo quieres –espetó sonriendo.
— Sí,
pero quiero hacerlo sufrir un rato –dijo Sam, sonriéndole.
Las risas de Max era
inevitables de escuchar e igualmente las de Joe. Sam sonrojada mandó a Joe a
que fuese al centro comercial pero éste le dijo que no iría porque no tenía
dinero. Al anochecer, Max y Sam comenzaban una relación amorosa que pediría más
de lo cotidiano y conocerían nuevas cosas que esquivaron alguna vez.
No pudieron dejar de
besarse luego del comienzo, estaban encantados y ambos se gustaban como nunca.
Se enamoró, Sam pudo colocar la semilla del amor en la tierra de la amistad,
donde sintió que sería el momento de amar verdaderamente. Y como todo buen
comienzo, estaría propenso a sufrir muchos quiebres en el camino. Sin embargo,
cuando el verdadero amor se esté asomando por la ventana tendrán una buena
arma.
Sam Scherzer, esa chica
que le sofocó lo cursi en algún momento de la vida, conocería de nuevas
situaciones, de nuevas cosas, de una vida más… erótica y esto sucede cuando
abre su corazón. Max, quien busca hacerle feliz, luchará junto con ella con un
gran obstáculo el cual es la distancia. Max, quien partirá a la región central
y la distancia estará firme, estará aprovechando de su cercanía para tratar que
el sentimiento sea más grande que nada.
Y terminar nunca será
una opción…
Hasta que el verdadero amor se asomó.
Reviewed by Enrique
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12:37:00
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